Diagnóstico

El diagnóstico es un procedimiento ordenado, sistemático, para conocer, para establecer de manera clara una circunstancia, a partir de observaciones y datos concretos. El diagnóstico conlleva siempre una evaluación

Análisis

Un análisis es un estudio profundo de un sujeto, objeto o situación, con el fin de conocer sus fundamentos, sus bases y motivos de su surgimiento, creación o causas originarias.

Documentos y material de consulta

El marketing político en la palabra del Dr. Luís Costabonino, titular de LCB – Marketing político

El marketing político es un método para hacer buenas campañas. Sus componentes son la ciencia política, la sociología electoral y la comunicación. Sus desavenencias con el marketing comercial son más fuertes que sus afinidades. Se conoce de él mucho más el mito que el método. No es cierto que el marketing político construya campañas vacías y cosméticas, centradas en la apariencia. Por el contrario, las campañas que hacen los buenos consultores tienen poderosos contenidos, guardan muy celosamente las identidades históricas de los partidos, respetan la personalidad de los candidatos y proponen ofertas razonables y orientadas al desarrollo de los países.

El método de Marketing Político parte del conocimiento del electorado y del diagnóstico de la elección. Mediante encuestas, estudios de opinión pública y análisis estadísticos, trata de llegar a cuatro conocimientos operativos clave: cómo es el candidato, cómo son sus adversarios, cómo son los electores, cómo es la elección. Este punto de partida, llamado también DSP (diagnóstico socio-político) permite construir una estrategia de campaña, la cual está compuesta por un mensaje, por los grupos objetivo a los cuales va dirigido, los medios de difusión que serán utilizados y por un manejo específico de los tiempos para el procesamiento de esos contenidos.

Una campaña orientada por el método del marketing político hace que el mensaje sea uno. Dice lo mismo el slogan de campaña que la imagen del candidato. Hay un único mensaje dicho de mil maneras. La famosa “asesoría de imagen” del candidato es una forma redundante, clara, inequívoca, de que el candidato diga de una forma no verbal, lo mismo que dice el resto de su campaña con palabras y argumentos.

El cimiento de los buenos mensajes está formado por los puntos fuertes del candidato, por la identidad de su partido y por los deseos o temores de los electores. Cuando un mensaje se construye con estos ingredientes el resultado es efectivo.

El mensaje se comunica a los electores. Pero no a todos los electores al mismo tiempo ni de la misma manera. Unos electores se interesan especialmente por la política, leen los periódicos. Otros no se informan, no les interesa la política, no les gusta leer. Los primeros saben desde mucho tiempo antes cuando habrá elecciones y a quién votarán. Los segundos se enteran que habrá elecciones pocos días antes de su realización y pueden cambiar muy fácilmente de opción política.

El impacto social y económico de la Asignación Universal por Hijo empieza a notarse. No habia que esperar el derrame, habia que ir a buscarlo.

Una nota de Roberto Navarro en Página 12 del 28 de MArzo de 2010

Esta semana la Anses pagará el quinto mes de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y especialistas de distintas áreas sociales siguen encontrando efectos virtuosos de esa medida que reconoce derechos a grupos vulnerables. Un estudio del Ministerio de Economía indica que en 2010 la AUH agregará 1,1 punto porcentual al PBI y 2,3 puntos al consumo. Un informe de la consultora Bein señala que prácticamente el ciento por ciento de quienes reciben el subsidio queda arriba de la línea de indigencia. Dirigentes de la Federación Argentina de Supermercados, que agrupa a las pymes de ese sector comercial, afirmaron a Página/12 que sus asociados elevaron sus ventas un promedio de un 8 por ciento desde diciembre gracias a la AUH. Y sus colegas de autoservicios chinos realizaron una encuesta que reveló que, en algunas zonas, llegan a vender hasta un 20 por ciento más y que el 72 por ciento de las compras de los beneficiarios del plan se destina a alimentos. También creció la producción de calzado e indumentaria para niños. Por otra parte, aumentó la matriculación de alumnos de escuelas primaria y secundaria. Con respecto al área de la salud, un informe de ese ministerio a nivel nacional revela que, en algunas provincias, se incrementó hasta un 40 por ciento la vacunación y que, a nivel país, se elevó en un 40 por ciento la inscripción en el seguro médico estatal Plan Nacer.

“La Asignación Universal por Hijo genera poder adquisitivo en los grupos de menos ingresos. Ese dinero parte desde el menor eslabón de la cadena y produce un enorme efecto multiplicador”, explicó a este diario el economista Aldo Ferrer. Y agregó: “Genera ventas, producción y empleo; y en algunos casos, inversión. Es lo contrario a la teoría del derrame, que nos vendían en los noventa, que proponía bajarles los impuestos a los ricos y esperar que éstos gastaran ese dinero y generaran empleo. Eso nunca sucedió”. En la cartera económica estiman que el subsidio aportará, como piso, un 1,1 punto de incremento al PBI. Pero que ese crecimiento se dará con una distribución absolutamente distinta del resto de la economía.

“Las ventas, la producción y el empleo que genera la AUH se da en pymes en un 90 por ciento de los casos. Son quioscos, almacenes, autoservicios, fábricas de segundas marcas y puestos de trabajo para personas de baja calificación, que son el núcleo más duro del desempleo”, señaló a Página/12 un destacado miembro del equipo económico.

La AUH es una iniciativa inédita en el país y con escasos antecedentes a nivel mundial. Por esa razón, aún hay pocos datos sobre su repercusión económica, social y educativa, así como su impacto en materia de salud, incluso psicológica. Página/12 realizó un relevamiento con especialistas en distintas áreas para evaluar los primeros efectos de la AUH, con el siguiente resultado.

Más allá del registro del que partan, distintas consultoras comparten la idea de que la AUH reducirá en un 50 por ciento la indigencia y entre un 20 y un 30 por ciento la pobreza. Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein, explicó a este diario: “La participación en el gasto total de una familia de cada uno de los hijos depende de su edad. La franja que más gasta son los jóvenes de entre 15 y 18 años. Para el Indec necesitan 166 pesos mensuales para salir de la indigencia; para nosotros, 216 pesos. Como toda familia recibe algún otro ingreso, aunque sea mínimo, considero que todo menor que reciba el subsidio pasará a estar por arriba de la línea de indigencia”.

En general, la mayoría de los economistas especializados en temas sociales acuerdan en que la AUH es el plan más eficiente que se ha implementado en el país. Rubén Lo Vuolo, economista del Ciepp, señaló a este diario que “Argentina está mostrando un plan alternativo a los que se utilizan habitualmente, que dependen de determinados condicionamientos de ingresos. Lo ideal sería que fuera ciento por ciento universal, pero este plan ya está demostrando su eficacia social”. Por su parte, Agustín Salvia, investigador del Conicet y de la Universidad Católica, piensa que “el Gobierno ha logrado una eficiente transferencia de ingresos, incluso manejó bien el reemplazo de los programas existentes. El plan va a tener un alto impacto en el índice de indigencia. Socialmente, va a generar transformaciones importantes, que vamos a ir visualizando a lo largo del tiempo. Sería interesante enseñarle a la gente cómo gastarlo, por ejemplo, entregando un listado de alimentos con alto contenido vitamínico.

La AUH empieza a desbaratar las débiles argumentaciones de los talibanes del mercado. Una nota de Alfredo Zaiat en Página 12 del 17 de Abril de 2010

Una persona que no recibe ningún ingreso se encuentra en una situación angustiante. En ese estado, si los precios suben o bajan, o si el alquiler mensual de la habitación donde vive ajusta o no la tarifa le resulta indiferente. Si no tiene nada, esas variaciones que inquietan al resto no provocan ningún cambio en su situación. Esa misma persona pasa a estar en otras condiciones cuando empieza a percibir una suma fija de dinero cada mes como parte de una política pública para atender a sectores postergados. Ese monto, que antes no lo contabilizaba en su bolsillo, le permite ahora comprar bienes, en especial alimentos, además del inmenso alivio de tener certidumbre sobre ingresos futuros. A partir de ese momento, los movimientos en los precios empiezan a afectarlo, aunque en una dimensión que no lo induce a concluir que se encuentra en la misma situación miserable anterior. Sabe que pese al alza de ciertos precios sigue estando en una posición muchísimo mejor recibiendo esa suma de dinero que estar con las manos vacías. Este sentido común tan básico está siendo violentado por especialistas que concentran críticas desmesuradas en la Asignación Universal por Hijo, la medida de protección y de reconocimiento de derecho social más importante desde los dispuestos en los dos primeros gobiernos peronistas. Las observaciones negativas refieren a la pérdida del poder adquisitivo debido a los ajustes en alimentos y bebidas. Incluso algunos expertos del establishment plantean que “la inflación neutralizará el impacto de la AUH en la pobreza”. Semejante desprecio por la población que tiene poco y nada, desdén que se manifiesta en la sentencia desde un supuesto saber técnico de que ese dinero no sirve porque se lo come la inflación, es una particularidad de este momento de tensión política mediática. Se puede suponer que si no existiera esa batalla en el espacio público, sería probable aunque no seguro que esos expertos en temas laborales y sociales fueran más prudentes en sus afirmaciones.

La necesidad de fijar un criterio automático de actualización de la AUH está pendiente, para igualarla con lo que sucede con las jubilaciones, y también con el resto de las asignaciones familiares que se definen en negociaciones entre las organizaciones sindicales y el Estado. Esa carencia en la reglamentación, sin embargo, no significa que los grupos sociales que reciben la AUH estén padeciendo la inflación como la entienden los sectores con ingresos fijos o con flujo variable pero permanente de recursos. Cuando esos cronistas sociales de oficina apuntan a la pérdida del poder de compra por la evidente erosión que provoca el alza de precios en alimentos y bebidas, en realidad están cuestionando la expansión del gasto público que incentiva la demanda, como la AUH. Ese mayor gasto lo señalan como uno de los principales motores de la inflación. Esto deriva en la conclusión de que la inflación es regresiva y, por lo tanto, la recomendación implícita de esos especialistas es que antes de instrumentar medidas de protección social el Gobierno debería ocuparse de los precios, que es un tema más relevante para los desamparados.

La cuestión que no consideran por anteojeras ideológicas es que la obvia regresividad de la inflación se verifica en los grupos sociales con ingresos que ya arrastraban. En el supuesto caso de que esa expansión del gasto sea el motivo de la suba de precios, aspecto que merecería una evaluación más rigurosa que la que ofrece la ortodoxia, esa política fiscal para las personas que reciben ese dinero, en cambio, le resulta progresiva. Uno de los jóvenes economistas que participan en el blog Homo Economicus provoca con el siguiente interrogante: “¿Cómo queda el poder adquisitivo de estos sectores luego de la expansión del gasto?”. Para luego sentenciar: “La respuesta es bastante trivial. Si le doy poder adquisitivo a alguien que no lo tenía, por más que ese poder adquisitivo se deteriore en el tiempo, estoy ‘aumentándolo’ en relación al momento inicial (donde era ‘cero’)”. En esa misma línea, el autor de ese post decide interpelar aún más al saber convencional y plantea que “entonces, pareciera que el impuesto inflacionario tuviera poco de regresivo, y más bien mucho de progresivo”.

La AUH es un extraordinario avance en el reconocimiento de derechos, siendo los niños y jóvenes los sujetos involucrados, cuyo impacto en áreas sensibles de las familias con carencias materiales todavía no ha adquirido la relevancia que se merece en la consideración del espacio público. Incluso figuras políticas que durante años batallaron por universalizar una asignación por hijo se dedican a cuestionarla en aspectos interesantes para investigaciones académicas para presentar ante el Banco Mundial, pero que se ubican en el margen de un plan de semejante magnitud. Esto no significa que haya que avanzar en el mejoramiento del programa en cuanto a su profundidad, que ya es mucha. Ahora se está transitando la necesaria etapa de consolidarlo en un período donde la avanzada conservadora se presenta sin pudor con las banderas de la ortodoxia. Hoy discutir cuestiones de los márgenes del programa, como si fueran centrales, sólo colabora a la distorsión de la comprensión del plan social más ambicioso en décadas y más profundo en la región.

En Brasil, Perú, Chile y México existen planes sociales de envergadura para atender a los grupos sociales vulnerables. Todos ellos son muy importantes, como el elogiado Bolsa Familia de Lula da Silva, que afianzó aún más la identificación de los pobres con el líder brasileño. Pero ninguno es tan ambicioso en materia de cobertura y monto de las transferencias. En un informe especial publicado en Cash, suplemento económico de este diario, el domingo 21 de marzo pasado, el periodista Tomás Lukin adelantó la investigación de los economistas Demian Panigo, Emmanuel Agis y Carlos Cañete Asignación Universal por Hijo: resultados preliminares. En ese documento de trabajo se presenta un cuadro comparativo esclarecedor sobre el alcance de la AUH en relación con los planes existentes en esos otros cuatro países. En todos existen condicionalidades para recibir el dinero (salud y educación), el sujeto alcanzado son los hijos de las familias pobres hasta los 18 años, con excepción de Perú, que es hasta los 15. Las diferencias aparecen en cuanto al alcance de la población, al monto del presupuesto en relación con el Producto y con la suma mensual de la asignación. El dinero destinado en el plan argentino equivale al 0,58 por ciento del PIB, mientras que en Brasil es de 0,39; en México, 0,31; en Perú, 0,20; y en Chile, 0,10 por ciento. Para que la comparación del dinero entregado sea homogénea, esa troika de economistas convirtió a dólares las respectivas asignaciones totales que reciben la familia: la AUH en Argentina equivale en promedio a unos 94 dólares, mientras que en México es de 55; en Perú, 50; en Brasil, 43; y en Chile, 38 dólares. Como las monedas domésticas están apreciadas en relación con el dólar, lo opuesto a lo que se verifica en Argentina pese a las presiones del frente devaluador, la brecha entre esas sumas es todavía más sustancial a favor de la AUH.

Se presentan desafíos futuros, que no son equivalentes a problemas, como los que se presentan ante carencias de pupitres y aulas por la explosión de la matrícula escolar ante la exigencia de mandar a los niños a la escuela para recibir la asignación plena. Esa notable respuesta educativa abre un interesante debate acerca de la imposición de una contraprestación (escolarizar y seguimiento del plan de vacunación a los niños) para recibir un plan social. A veces la teoría, que se presenta más justa y equilibrada en los papeles, se enfrenta a hechos concretos que la relativizan

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