Diagnóstico

El diagnóstico es un procedimiento ordenado, sistemático, para conocer, para establecer de manera clara una circunstancia, a partir de observaciones y datos concretos. El diagnóstico conlleva siempre una evaluación

Análisis

Un análisis es un estudio profundo de un sujeto, objeto o situación, con el fin de conocer sus fundamentos, sus bases y motivos de su surgimiento, creación o causas originarias.

Las encuestas y la opinión pública

Las encuestas

 

                        Temidas, odiadas, amadas según lo que revelen, las encuestas electorales sirven más a las estrategias de los partidos y candidatos que a despejar las dudas de los votantes, de hecho, gran parte de estos estudios jamás llegan al conocimiento público.

 

                        Todos están atentos a las encuestas electorales, que evidentemente forman parte inseparable  de las campañas. Las distintas consultoras están abocadas a un intenso trabajo contratadas, generalmente, por un partido político o un candidato.

 

                        Todos los partidos políticos y sus candidatos para ganar y acceder al poder necesitan  captar la mayor cantidad de votos posibles. Para ello requieren saber todo lo factible sobre los electores: sus preocupaciones, sus necesidades, sus urgencias, cómo valoran las políticas públicas implementadas hasta la fecha, que valoración reciben los funcionarios de gobierno Nacional, Provincial o Municipal; paro los políticos las encuestas tienen, entonces, un valor estratégico.

 

                        Los diversos analistas admiten que las encuestas influyen en el electorado pero discrepan en cuanto al grado de influencia. Las encuestas son leídas por la gente ya que estas representan un género de interés que incluye un poco de misterio o suspenso, sobre todo en época electoral. Pero el efecto que esta herramienta posee sobre los votantes no es lineal, no es único. Depende, siempre, donde se publica, quien escribe, si lo hace a favor o en contra, y sobre todo cuanta credibilidad posee el medio donde aparece.

 

En suma, los diferentes efectos que puede provocar la publicación de una encuesta: adhesión al ganador, aumento de la simpatía por el perdedor, espiral de silencio, inhibición, abstención, etc., no son fácilmente valorables y sí muy dependientes de las circunstancias concretas de cada elección.

 

                        Conocer la intención de voto hacia un político que además tiene buena imagen sin duda que influye, pero no define una elección. El votante es llevado a menudo por sus tradiciones, por su historia familiar, por sus “odios” y “amores” o por la fascinación del político  que hoy es de su preferencia.

 

                        Prever el comportamiento humano es difícil, pueden surgir vuelcos importantes e inesperados durante una campaña electoral que hace ganar a quien no estaba en los planes.

 

La opinión pública

 

                        Los cambios que se producen en las encuestas suceden porque las mismas lo que hacen es recoger la opinión de los electores sobre temas específicos, en este caso políticos  – electorales

 

            La opinión, que para Socrates “es mas clara que la ignorancia pero más oscura que el conocimiento”.

 

            El conocimiento es cierto y definitivo, la opinión es incierta y provisional.

 

            La opinión pública es tan dudosa e inconstante como la opinión personal. La gente, los electores en este caso, tiene noticias sobre la economía,  la política, y otros aspectos de la vida social, es decir  no viven en la ignorancia. Pero tampoco tiene, no podría tener, pleno conocimiento de todas las cosas: no esta formada solo por expertos en Economía o estudiosos de la Ciencia Política.

 

            Esa mayoría depende de la información, siempre fragmentada y no siempre veraz que recibe (sobre todo en Mendoza), depende también de las opiniones individuales, sinceras o interesadas que le transmiten quienes tienen autoridad o ascendiente. Con este material se construyen, entonces, juicios provisorios.

 

            Sin embargo debemos someternos a ese agregado de juicios falibles, “hasta los gobiernos más despóticos necesitan apoyarse sobre la opinión pública” decía Winston Churchill.

 

En una democracia esa necesidad es extrema, la opinión pública se vuelve, así, prácticamente dominante.

 

Diarios, radio, televisión, internet y encuestas han venido a incrementar ese dominio. Esto hace que la opinión de cada individuo dependa mucho de la cantidad de personas que, él supone, sostienen la misma opinión: la razón es tímida y cauta cuando está sola, su firmeza y confianza es proporcional al número de opiniones al cual está asociada.

 

            De ahí la importancia de propalar y cuantificar opiniones. De ahí también el riesgo de la manipulación, los que divulgan o cuantifican pueden caer en la tentación de empujar a la opinión pública en cierta dirección.

 

            Hoy podemos observar cierto culto hacia la opinión pública por parte de políticos y medios de información. Se la presume autónoma e infalible, contrariarla es correr el riesgo de ser juzgado “soberbio”, “omnipotente” o “antidemocrático”.

 

            En rigor la democracia exige que, en ciertos casos, los líderes políticos cambien el rumbo de la opinión pública, que la conduzcan en vez de seguirla.

 

                        La sociedad necesita, entonces, gobierno, necesita que parte de sus miembros se prepare para administrar el presente y organizar el futuro. Esa es, se supone, la especialidad de los políticos. De ellos debe esperarse que sepan, que tengan más que opiniones, conocimiento.

 

Las encuestas son un instrumento de recolección de datos sobre ciertas y determinadas variables, no pueden reemplazar a una elección, ayudan a posicionar a un determinado candidato y también establecen diversas tácticas para una determinada campaña, reflejan la opinión y ambas pueden condicionar la actitud del dirigente político frente a un determinado problema.

 

            Es tarea y responsabilidad de toda la clase política demostrar que poseen conocimiento y no solo opiniones respecto de los problemas que nos afectan, que pueden dar soluciones a los mismos sin necesidad de producir fuertes sacrificios, en definitiva esperamos que nuestros políticos sepan gobernar.

DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN A LA OMNIPOTENCIA DE LA PRENSA

Por el Dr. Jorge Manzitti

                                                              

“La prensa es libre cuando no depende del poder gubernamental,

 ni de los resortes del dinero,

sino de la conciencia de los periodistas y de los lectores,

 lo que no excluye que el estado puede y deba ejercer

 un control subsidiario

 cuando no sea posible poner en práctica el autocontrol.

LUIS ESCOBAR DE LA SERNA

(Derecho de la Información, Edit. DYKINSON S.L. Madrid 1998)

 

 

INTRODUCCION

Fenómeno novedoso.         

Tan importante es la revolución producida por la tecnología en las comunicaciones que Alvin Toffler tuvo razón al afirmar que el siglo XX no era el siglo de la ecología ni de la sociedad de consumo, sino el siglo de la información.  Con la Radio la difusión de la noticia contó con un vehículo de simultaneidad para un número inmenso de gente.

Aunque pareciera que no tiene nada que ver con los temas propuestos,  si tiene mucho que ver con lo que voy a hablar. Porque los medios de comunicación masiva, o sea la radio inicialmente y últimamente la TV, como avances tecnológicos, trabajan funcionalmente mediante la utilización de los sentidos mas que utilizando la inteligencia conceptual. En consecuencia se hace muy difícil captar la atención del Hombre contemporáneo, en la medida en que el lenguaje es eminentemente simbólico. Y como tal necesita de un proceso intelectual más complejo, un mayor entrenamiento,  cuando la comunicación es mediante la lectura. Cuesta captar el sentido de frases muy largas y pocos gozan leyendo textos largos. El natural hedonismo lleva al facilismo de la frase corta e ideas que, en general, apuntan  más a lo emocional que a lo conceptual.

                Esta tendencia es previa a los medios de comunicación. Ha sido siempre un instrumento de los que dominan. Los romanos portaban estandartes y águilas doradas como demostración de dominio; una suerte de herramienta para influir emocionalmente a sus enemigos y hasta sobre sus súbditos. Tanto es así que la Iglesia adoptó para sus ritos idénticos símbolos y las construcciones romanas, con su carga de arquitectura griega incluida, ha pasado con muy pocas modificaciones a toda organización que en occidente se precie de usufructuar el poder. Así lo entendió el ministro de propaganda del III Reich,  Joseph Goebbels, que replicó todos los símbolos del Imperio romano y de la misma Iglesia Católica, adaptándolos para el N.S.A.D.P. Por lo demás el régimen nazi fue quien primero hizo uso intensivo del primer medio masivo de comunicación tecnológico moderno, la radio.

                El medio de comunicación más eficaz es con mucho la TV., porque a pesar de la capacidad  de la radio para llegar a cada rincón de la tierra sin barrera alguna por medio de sus ondas radiales, se advierte una penetración mayor por la televisión. Parece que el hombre, y la mujer obviamente, además de ser más sensible a los sentidos que a los mensajes puramente intelectuales, tiene una preferencia notable por el sentido visual. Se puede convencer más a una persona llegándole al corazón que apelando a la inteligencia: por más que sepamos de lo incontrovertible de una verdad científica como que dos más dos son cuatro, esta enunciación no conmueve a nadie. Lo racional es siempre menos impactante.

Desde entonces los medios se utilizaron por los visionarios para instalar en la opinión pública “ideas fuerza”, sustentando su accionar.  Paradigmático es  el caso del régimen nazi que, con Josef Goebbels como ministro de propaganda en,  aquel entonces, el pueblo más alfabetizado y culto de la tierra, instaló la idea nacional socialista. Seguramente los efectos apabullantes de su propaganda hubieran sido menores  de encontrarse inmersos en un sistema de libertad de expresión; lo cierto es que alcanzó a una marca récord del 97,7 % de consenso.

A mediados del siglo XX súmasele la televisión. A finales del siglo veinte  el fenómeno televisivo alcanzó una difusión insuperable, al punto que se lo cuestiona desde el punto de vista de su carácter trasgresor del derecho a la intimidad y educación de la familia. Ya Kant en su obra advertía que el sonido o la música era una forma invasiva de la libertad ajena; nunca habrá imaginado lo invasivo de la TV. Esta última característica es denunciada desde polos ideológicamente tan opuestos como son el representante de la ideología más liberal y agnóstica como es el caso del pensador y publicista Karl R. Popper[1] o en sus antípodas, por Karol Wojtyla, el Papa. [2]

Al fenómeno emergente – la interacción de los medios con las circunstancias políticas –  lo llaman la “videopolítica”. Una de sus consecuencias  beneficiosas es el periodismo de investigación; indispensable para la transparencia de los actos públicos; notable ejemplo, el caso “Watergate”.  Así el papel desempeñado por los periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein,  es una saga legendaria en la historia del periodismo ético.[i] Recuérdese  el informe de ambos periodistas, que descubrió organismos oficiales, con la anuencia del Presidente Nixon, poniendo micrófonos y escuchas clandestinas, antes de unas elecciones, en oficinas del Partido Demócrata. Lo que determinó la renuncia de Richard Nixon, que así evitó enfrentar el juicio político que sobrevendría; aunque no el de la Historia.

Una cualidad indeseada.

 

Más no todas son flores. Por eso Popper  antes de su muerte dijo: “Una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión”, que “…se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuese Dios mismo quien hablara.”[3]

Por otra parte, más allá del periodismo investigación específico, el producto final de la aquella interacción de los medios con la política, con dialéctica propia, “es que las páginas de los diarios, los noticieros y los programas de opinión de radio y TV dejan  de ser los instrumentos de difusión del contenido de debates ocurridos en otros ámbitos, para pasar a ser el lugar mismo donde ocurren.”[ii]

En la evolución de la historia de los legisladores el original gentilhombre del siglo XIX, que sustituía al aristócrata desde su clase burguesa acomodada, muy independiente de partido alguno, pasó al representante de los partidos de masas e ideológicos con una gran partido-dependencia durante el siglo XX. Últimamente en una evolución que no  significa un progreso  (”responsable” decía Burke en su discurso a los electores de Bristol en 1774) arribamos al ahora resulta video-dependiente o sondeo-dependiente, afirma Sartori.[iii]

El autor más pesimista, Jean Francois Revel, en su libro “El conocimiento inútil”, describe la tergiversación de la verdad por la naturaleza humana, hasta en entre los intelectuales, al punto de instalar falsedades hasta en el ámbito la ciencia. Respecto del periodismo pontifica: “Desde fuera el lector distingue apenas, o nada, la operación noble de la operación mezquina”, refiriéndose a los operativos de prensa interesados en una parcialidad. Luego salva a  los periodistas porque: “La oferta se explica por la demanda.”[iv] Su pesimismo lo hace afirmar: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.”[v], no compartimos tal  desánimo pero es de tener en cuenta por la importancia de la comunicación social en la formación de la opinión pública.


 

[1] KARL R. POPPER, “Una patente para producir televisión”, capítulo del libro “La televisión es mala maestra.” Edit. Fondo de Cultura Económica, México 2000, Págs. 41-55.-

[2] KAROL WOJTYLA, “La potencia de los medios de información” Discurso pronunciado por el pontífice en el Ángelus el 28 de enero de 1996, Boletín de la Sala de prensa de la Santa Sede.

[3] GIANCARLO BOSETTI, en la introducción de la obra “La televisión…”,  México 2000, Fondo de Cultura Económica  Pág. 7.-

 




 

[i] “UNITED STATES vs NIXON” 418 U.S. 683 (1974), 41 L.Ed. 1039, 94 S. Ct. 3090 (Citado por La Ley, T. 1993-A, Secc.doctrina, Pág. 1137.-       Los mencionados periodistas hicieron la investigación sin romper las reglas de la ética periodística. MARIO DANIEL MONTOYA en el trabajo citado cerca del final, comenta que en una conferencia dada en la Universidad de Montana se detalló las precauciones en el sentido expuesto tomadas. El editor Howard Simons explicó: por tratarse de fuentes que tenían que permanecer anóminas y con material que, si era equivocado, podía dañar al Washington Post y al periodismo, desde el comienzo y aún en la actualidad, lo editores adoptamos tres reglas: 1° Cualquier información de debe venir de, por lo menos, dos fuentes diferentes; 2° Los editores deben leer y aprobar la historia, antes de la publicación (decidiendo muchas veces no publicar un artículo por no estar seguros); y 3° Una historia como la del Watergate, conocida por a través de otra publicación, debe ser verificada en forma independiente por los reporteros del Post antes de otorgarles importancia. Todo de las páginas 1137 y 1138 del artículo de MARIO DANIEL MONTOYA aludido.

[ii] HERIBERTO MURARO, Políticos, periodistas y ciudadanos, Edit. Fondo de Cultura Económica, San Pablo, Brasil, 2000, pag. 74.

[iii] GIOVANNI SARTORI,   Op. Cit., Pág.  112.-

[iv] JEAN FRANCOIS REVEL, El conocimiento inútil, Editorial Planeta, Barcelona 1989, Pág.12.

[v] JEAN FRANCOIS REVEL, Obra citada, frase de tapa.

 

 

 

 

 

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